20 diciembre 2006

Sagan

Yo fui niño en una época de esperanza. Quise ser científico desde mis primeros días de escuela. El momento en que cristalizó mi deseo llegó cuando capté por primera vez que las estrellas eran soles poderosos, cuando constaté lo increíblemente lejos que debían de estar para aparecer como simples puntos de luz en el cielo. No estoy seguro de que entonces supiera siquiera el significado de la palabra “ciencia”, pero de alguna manera quería sumergirme en toda su grandeza. Me llamaba la atención el esplendor del universo, me fascinaba la perspectiva de comprender como funcionan realmente las cosas, de ayudar a descubrir misterios profundos, de explorar nuevos mundos...quizá incluso literalmente. He tenido la suerte de haber podido realizar este sueño al menos en parte. Para mí, el romanticismo de la ciencia sigue siendo tan atractivo y nuevo como lo fuera aquel día, hace más de medio siglo, que me enseñaron las maravillas de la Feria Mundial de 1939.

Popularizar la ciencia -intentar hacer accesibles sus métodos y descubrimientos a los no científicos- es algo que viene a continuación, de manera natural e inmediata. No explicar la ciencia me parece perverso. Cuando uno se enamora, quiere contarlo al mundo. Este libro es una declaración personal que refleja mi relación de amor de toda la vida con la ciencia.


Estas palabras no son mías. Son de Carl Sagan y las he extraído del capítulo 2 “Ciencia y esperanza” de su libro "EL MUNDO Y SUS DEMONIOS" (editorial Planeta. ISBN 84-08-05810-3). Pero esas palabras podrían ser mías si supiera escribir tan bien y si cambiara ligeramente el texto. Si sustituyera lo de la Feria de 1939 por una referencia a su serie televisiva de 1980 “COSMOS”, ese niño curioso y asombrado podría ser yo.



Carl Sagan, astrónomo y astrobiólogo nacido el 1934 era, además, un excelente divulgador científico. Gracias a su facilidad para explicar conceptos sobre la relatividad, la importancia histórica de Galileo o Tales de Mileto, sus palabras me calaron hasta los huesos gracias primero a esa magistral serie de documentales (13) y después al libro basado en ella (COSMOS, editorial Planeta, ISBN 84-320-3626-9) donde su capacidad didáctica se desplegaba entre sus francas sonrisas y su flequillo setentero.


Ese libro, dedicado con amor por mi novia (de entonces) Esther el día de Sant Jordi de 1983, lo he releído muchas veces y me ha acompañado a todas mis casas desde entonces.


Gran científico, mejor divulgador y escéptico de primera línea.


Hoy hace 10 años que Carl Sagan murió de cancer. Estos días la blogosfera científica le rinde homenaje haciendo entradas dedicadas a él. Esta es mi modesta y personal aportación. Y la he querido hacer porque quizás yo mismo sea, al menos en parte, fruto de su pasión por la ciencia.


Gracias.


SALUT!


PD1: Os dejo algunos enlaces de entradas de homenaje a Sagan. La respuesta de la blogosfera ha sido espectacular. Si queréis haceros una idea del impacto de COSMOS mirad esto:

PD2: Leo el Wikipedia que también fumaba marihuana. Si es que...